🎄 Me contrataron para contar cuentos de navidad. Fue en diciembre pasado. Compartí imágenes de la función y, luego, algunas personas queridas, que pertenecen a la comunidad cristiana evangélica, comentaron en mis redes que el único cuento verdadero de navidad es el de Jesús, que yo lo conocía muy bien, que contara eso, que dejara de contar mentiras.
🧙 Yo creo que los cuentos no son verdad ni mentira, son ficción, y la tarea de los narradores es contarlos de manera que conmuevan al público, lo transformen, o lo diviertan, o lo ayuden a expandir su imaginación. O no. Pero nada que ver con la definición tajante de verdad y mentira. En todo caso, nos toca contar una ficción de manera verosímil. La verdad de un cuento no está en sus datos históricos, sino en cómo, desde un lugar de ficción, toca una profunda fibra humana.
El cuento popular es la forma más simple de decir, a través de la ficción, una verdad sobre lo humano, sobre este animal que ya no vive bajo sus instintos, sino que tiene libertad. El cuento popular, por su simpleza, puede ser disfrutado por chicos y grandes, por cultos y no tan cultos. Algo así nos dijo Tapia👩🏫
📖En cuanto a la historia de Jesús, también es un cuento muy bonito. La Biblia está llena de historias que me encantan. Pero si hablamos de verdad y mentira, ya no se trata de la literatura ni del arte. Entramos en un terreno en el que unos dicen tener la verdad y aseguran que el resto del mundo vive en el error y la mentira, en la tiniebla del maligno. No voy a discutir la fe de la gente. Cada quien tiene sus profundos motivos para estar más cerca de un discurso que de otro, para llamar verdad a una cosa y mentira a otra. Yo no soy ni religioso ni milico. Yo cuento historias. Y como escribió Ítalo Calvino en “Las ciudades invisibles”:
“Lo que comanda el relato no es la voz: es el oído”.
📷 @aracelinrom con @loqueeltiempo.nosdejo en Casa Maktub



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