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 MOZO, HAY UNA MOSCA EN MI CUENTO

Que una mosca pase volando a centímetros de mi cara mientras estoy narrando no es cosa grave. Yo sigo con el cuento y ni el cuento ni el público ni yo perdemos el hilo. Si la mosca, además, se siente un poco colibrí y revolotea y se suspende y aletea unos instantes frente a mi nariz, puedo confiar en que no todos en el público tienen tan buena vista como para que el cuento y la atención se vean heridos. Pero si la mosca, además, vuela otro poco y se estaciona en mi frente como si fuera su casa, entonces, ya no hay más cuento, ya todo en la sala es una mosca sobre la frente de un tipo al que todos están mirando porque les estaba contando ¿qué cuento? ¿de qué trataba? ¡miren la mosca, la mosca, tiene una mosca, en la frente! Algunas oyentes se tentaron con discreción, otras se sintieron incómodas suponiéndome incómodo, y otras, vaya a saber. Todo en un instante y sin palabras. Por supuesto, en vez de hacerme el tonto y seguir, cambié la frase del cuento por:

-¿Tengo una mosca, no?- Y sonreí y puse ojitos así.

Un instante de silencio, como volando en la sala, y todas rieron. Se ve que la mosca escuchó, porque emprendió vuelo y seguimos con la narración.

Pasó en la función de ME SIENTO Y CUENTO, hace unos días, en la Biblioteca de General Deheza, invitado por @dehezaciudad






Un público atentísimo, que al final también se sentó y me contó. Me contaron la historia de un amor. Sí, una mujer del público nos narró que conocía a su actual esposo desde la infancia, pero que al crecer se fueron a ciudades distintas y cada uno hizo su vida y formó pareja. Ya de grandes, una boda del pueblo los reencontró. Se saludaron, charlaron y él le declaró su amor, el amor que le tenía desde la infancia. Y le preguntó si quería ser su novia. Ella le dijo que para eso cada uno tenía que dejar a su pareja. Y sí, eso hicieron, y hoy están casados. "¿Y si esa noche te decía que no?", le preguntó ella una vez. "Ah- le respondió él - , entonces te decía que era una broma".


Otra mujer nos contó dos cuentos breves (y yo chocho, porque es Tati, que participa de mi taller virtual y se animó a contar y lo hizo de diez).

Otra mujer nos explicó que lo del principio no era una mosca. Que era un hada que oyó que nombré a Pinocho pero le pareció raro porque en la sala no había niños, y entró en forma de mosca a ver qué pasaba. Gracias a esa oyente entendí por qué la mosca/hada (la No es mosca, es hada, la Nuez moscada) se estacionó en mi frente: era un modo de tocarme la mente para que yo pensara bien lo que estaba contando.

Esas cosas nos pasan cuando nos juntamos a contarnos historias. 

Cuando ME SIENTO Y CUENTO.

Gracias a Moni y al equipo de la Biblioteca por invitarme y recibirme tan bien.






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