CARA DE CUENTO
Andrés Montero habla de las caras de cuento en su libro “Por qué contar
cuentos en el siglo XXI” (Editorial Casa Contada, 2020). Él ha visto esas caras en diferentes países de América y Europa mientras contaba cuentos a viva voz, sólo con su cuerpo vivo y su voz viva. Yo mismo lo escuché narrar, este 2023, hace unos meses, en Buenos Aires, y todavía no me lavo la cara de cuento de aquella vez. Andrés aparece en el escenario, por lo general con su estilo de camisa manga larga, a cuadros, abierta, sobre una remera lisa. El pelo largo recogido en una cola sencilla. Un jean o un pantalón por lo general de color oscuro, siempre combinado con la camisa y la remera. Suele tomar el micrófono en la mano y comienza a contar. Eso es todo, Y es hermoso. No veo la hora de estar en otra de sus funciones.
Lo vi en ocasión del Off de Narración Oral organizado por Sebastián Fernández y Daniel Hernández. Andrés contó un cuento en primera persona al modo autobiográfico. En una operación maravillosa, en un momento del cuento inserta un fragmento de Respiración artificial de Ricardo Piglia, pero con modificaciones precisas y acertadas. El fragmento de Piglia, además, hasta donde tengo entendido, es una pequeña historia que ya solía dar vueltas de manera oral o aparecer en folletos o revistas en forma anónima. Quizá el mismo Piglia la tomó de la oralidad o del anonimato y la volvió literatura escrita. Luego Andrés la tomó de la literatura escrita y la devolvió, transformada, a la oralidad. Una hermosura. Escuchándolo narrar me reí mucho, sentí admiración y ganas de saber contar así, y también lloré- creo que discretamente- junto a la amiga cuentera con la que compartíamos mesa y bebida en el teatro.
Suele contar junto a su compañera, la narradora oral Nicole Castillo, con quien conforman la compañía La Matrioska, que combina espectáculos con propuestas de formación en narración oral y escritura. Por supuesto que Nicole es una gran narradora (le escuché una formidable versión de "El ahogado más hermoso del mundo"), pero en otro posteo hablaré de ella, porque hoy el tema es la cara de cuento que suelen mencionar y que aparece en el siguiente fragmento del libro de Andrés:
“Primero fueron los cuentos. Miles de años después los libros. Varios
siglos después la radio, el cine, la televisión. Formas que encuentra la
ficción para acompañarnos. Y es que necesitamos que el mundo sea más grande
para respirar. Como si viviéramos bajo el agua y la ficción fuera el aire.
Sin embargo, entre todas las formas de ficción, considero que la más
antigua (la forma inicial, como diría Ricardo Piglia) es la ideal para quien
necesita respirar: el cuento contado de viva voz.
Al escuchar un cuento es posible perderse por aquel mundo que se va creando
en la misma medida en que se está diciendo. De ahí que consideremos este un
arte performativo. Lo más interesante - y lo que lo distingue de la ficción
audiovisual – es que cada escucha puede y debe crear su propio mundo, su propia
representación de lo que se está narrando. Al escuchar cuentos, somos libres
incluso en ese sentido: podemos imaginar lo que queramos, según lo que somos.
Por eso me gusta defender los cuentos contados sin ningún tipo de disfraz, sin
demasiados recursos actorales, sin accesorios, e incluso sin ilustraciones. Un
arte que no impone, sino que sugiere. Me gusta imaginar el mundo que se va
creando dentro de quien escucha. Me gusta ver cómo el público de cuentos se
pierde, libre, en lo que ha querido imaginar. Me gusta ver esas caras de
cuento, absortas, transportadas por la voz. Me gusta sobre todo verlos
regresar, lentamente, al momento del aplauso final. Como si regresaran de un
largo viaje. Y si el cuento ha estado bien contado, y si se ha tratado de una
buena historia, podemos estar seguros de que algo de ese viaje, de ese nuevo
mundo, acompañará a quien escuchó por muchos días, años, e incluso toda la
vida. Al regresar de un cuento escuchado, nuestro mundo es más grande. Nuestros
límites se han ensanchado. Tenemos un nuevo lugar donde llegar. Somos un poco
más libres que antes”.
Agrego que el fragmento pertenece al capítulo "El cuento es un espacio de libertad", que va sobre contar cuentos en contextos de encierro. Cada capítulo toma un tema y lo trata combinando anécdotas de cuenteros y cuenteras del mundo con reflexiones, al estilo ensayo, del mismo Andrés.
En las fotos se ven caras de cuento de una función que hicimos en la Biblioteca Leopoldo Lugones, de General Deheza, en Vacaciones de Invierno, junto a Sandra Bróndolo y Analía Renaudo (integrantes de Locas de amor, AmaSando cuentos).






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