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 CUENTOS Y LEYENDAS TEHUELCHES PARA CONTAR




Escuchen estos títulos: "El temible gualicho", "El carancho y la novia engañada", ¡"El Okpe que se comía a los niños"!. Y sigue:  "La guanaca bruja", "Por qué los perros odian a los zorros". Y uno más "El Maip de la cordillera". Ya sería bastante con pararse en un escenario y sólo leer el índice del libro, sólo decir los títulos de estas historias, con 5 segundos de silencio entre uno y otro, para que el público imagine una posible historia, ya sería bastante, eso solo, como una función de narración oral. Yo pagaría una entrada por oír a un narrador diciendo buenos títulos de cuentos.

El libro de estos títulos se llama “Leyendas, mitos, cuentos y otros relatos tehuelches” (2007), publicado por Longseller, dentro de una colección que recopila historias de diversos pueblos originarios de nuestro país. El tomo que llegó a mis manos va sobre historias tehuelches en versión de Fernando Córdova y Nahuel Sugobono, con investigación de Carlos Martinez Sarasola, que abre el libro con un prólogo informativo sobre el lugar de los tehuelches en nuestra historia.

Uno de mis cuentos favoritos (que ya lo estoy contando por aquí y por allá) es “El Okpe que se comía a los niños”. Sólo con decir el título ante chicos o grandes aparecen gestos en las caras. A veces se escapa un suave y aspirado “ohhh”. Algunas mujeres me dijeron, semanas después de oír el cuento, que se imaginaron a tal o cual monstruo de su infancia mientras me escuchaban. Miedos distintos entre sí y distintos del Okpe que se comía a los niños. Lo vieron con mayor intensidad que yo mismo mientras lo contaba. Son mejores escuchadoras que yo. Por lejos. Envidio a esas mujeres por el Okpe que oyeron. Qué orejas, señoras.

También tenemos algunos cuentos explicativos, como “Por qué los perros odian a los zorros”. Por medio de tramas con fantasía, animales parlantes y no sin cierta cuota de crueldad, los tehuelches se explicaron el mundo y los comportamientos de la naturaleza a través de historias.

Otro tipo de explicaciones son las del origen del mundo y de todo lo que hay en él, incluidas las personas. Para eso la cosmogonía tehuelche se vale, por ejemplo, del dios Kóoch (que estuvo en el mundo desde siempre, y por mucho tiempo vivió solísimo solísimo), del héroe Elal y de su padre el gigantesco y malvado Nóshtex.

Se cuentan historias de la fundación del mundo pero también de un amor que, por mentiras y mala suerte, no pudo ser. Se va del cosmos a la toldería, de la fuerza de un dios al miedo de un niño. A través del libro nos asomamos a la visión del mundo y a la ética tehuelches, y creo que varias historias son muy interesantes para ser contadas.

En el prólogo, entre otras cosas, nos enteramos que los tehuelches habitaron La Pampa y La Patagonia. Y que en el diario de viaje de Pigafetta (1520) se los describe como gigantes, idea que persistió en la posterior creencia en el país de los gigantes patagónicos.

Los tehuelches, formados por los pueblos aonikenk, gunuka kuna, onas y querandíes, fueron recolectores y cazadores. La mayoría de las bandas no pescaban porque creían que los peces eran sus antepasados.

Poco antes de la llegada de los españoles (S XVI), llegaron los araucanos/mapuches, que dominaron la región y se mezclaron con los tehuelches. Cuenta Sarasola que Sayhueque, último gran cacique mapuche/tehuelche en rendirse a las fuerzas nacionales (1885), “hasta el final mantuvo su autonomía así como las intenciones de participar de la nueva sociedad argentina en formación. Cuando ello ya no fue posible, encendió los fuegos en las cimas de los cerros, la señal de guerra que los suyos conocían desde siempre”.


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