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ALGUNAS NOTAS SOBRE EL SUSURRADOR

Susurros en una función de "HABÍA OTRA VEZ"


SUSURRO, LUEGO ESCRIBO

No sé cómo escribir este texto. Quizá porque necesito de un lenguaje hilito, delicado y potente como tela de araña, apenas visible. Pariente del silencio. Y creo que ando con un entusiasmo soga y ruidoso. En vez de escribir debería susurrar estas palabras, lo que me obligaría a ser más leve y más breve.





EL PRINCIPIO DEL SUSURRO

Quiero escribir como si ya hubiera susurrado por años. Como si tuviera cientos de anécdotas y hasta estadísticas sobre cómo es mejor susurrar, sobre lo que pasa en distintas orejas de América Latina y España. Sobre la vez que un susurro me llevó a una aventura que siempre había soñado. La verdad es que tuve mi propio susurrador el año pasado, y hace unos meses empecé a usarlo en diferentes contextos. En principio lo usé en los varios espacios de narración oral que coordino. También salimos a las plazas de la ciudad a susurrar junto a integrantes de uno de los talleres. Y al terminar alguno de esos encuentros semanales, tarde a la noche, yo volvía a pie y le proponía susurros a los transeúntes. Así le susurré una noche al muchacho que, auriculares puestos, barría la cuneta de una calle para la empresa que le paga por eso. Después se me ocurrió que sería interesante sumar el susurrador a mis funciones de cuentos: susurrarle al público mientras llega al espacio, susurrarle en medio de la función metiéndome entre la gente, y luego invitar a dos o tres al escenario (o a lo que haga las veces de escenario) a ser susurrados mientras el resto del público ve ese otro poema que es el rostro de los susurrados. También me fascinaron algunos datos del origen y la llegada a Argentina de los susurradores, que leí en el libro- fundamental para el tema- "De susurros y susurradores" de Mirta Colángelo.

                                                 Ceci susurrada por Adriana de Tusitalas 
Sivlia susurrada


LOS ABUELOS DE LOS SUSURRADORES

Mirta Colángelo, en su libro, recuerda que el astrónomo y  titiritero Horacio Tignanelli le contó que:

En la antigüedad los astros eran observados con tubos de origen vegetal. Astrónomos y magos compartían estas ceremonias. Claro que los magos imaginaban en la luz de las estrellas propiedades curativas. La operación de cura consistía en enfocar una estrella y pasar su luz a la zona que el doliente describía como afectada. Sostenían que esa luz celestial podía curar los males del cuerpo y hasta los del alma. Sobre todo era infalible para el mal de amores. Estos tubos, decía Horacio, fueron el origen de las varitas mágicas. De ahí que se les agregara una estrella en la punta

Luego Colángelo los compara con los susurradores:

Pienso en los tubos de los susurradores y creo que ellos también propician una trémula metamorfosis: la luz de la voz regalando un poema al oído es generadora de placer y, seguro, mitigadora de penas, aventadora de naufragios...

Uso el susurro en su modo antiguo, lo que llamo el SUSURROSCOPIO


Susurrador en una mano, libro de Colángelo en la otra

QUÉ ES SUSURRADOR

Un momento para definir susurrador. Si queremos ser prácticos, digamos que es un tubo (por lo general de cartón), decorado y pintado como su usuario lo desee, que se utiliza para decir en susurros un poema o una frase poética a otras personas. Por un extremo del tubo se susurra, por el otro se escucha. La acción suele ser performática porque de algún modo es una intervención inesperada del espacio. Cada quien puede elegir si hacerlo solo o en grupo, de civil o con un vestuario especial. Los textos elegidos deben ser breves para que la gente pueda recibir el susurro y seguir con lo que estaba haciendo (pero ya con un poema encima). Se recomienda tomarse un tiempo en la selección de los textos, que realmente le hayan provocado algún estremecimiento, primero, a quien susurra, para que se comparta algo que ya de antemano era valioso y especial para aguien. Es un modo de respetar el tiempo y la escucha del otro, a la vez que una forma de darle calidad y seriedad a la práctica del susurro. Es importante ese tiempo que cada quien se toma en buscar y elegir los textos para que la actividad no se vuelva sólo un impacto visual o una cosa llamativa. Quizá todo lo otro (lo visual, lo llamativo) son modos de generar la atmósfera propicia para que el poema, previamente seleccionado, pueda llegar a los oídos de las personas. Hay quienes memorizan los textos, hay quienes los llevan en papelitos y los van leyendo, hay quienes los ubican en pequeños atriles de alambritos que colocan sobre el susurrador. Lo hermoso de memorizarlos es que uno mismo es instrumento inmediato del poema y que, al no estar ocupado en la lectura, puede uno mirar ese paisaje, ese otro poema que es el rostro del susurrado mientras está siendo susurrado.

En otro orden de definiciones, podemos tomar algunos acercamientos al susurrar y al susurrador que están en el libro de Colángelo: 

Espada mágica

Ruiseñor en mano

Breve proceso de conexión ínfima o infinita

En su apariencia de acto mínimo, el susurro contiene la fragilidad y la fuerza de la belleza, la que conmueve, la que da sentido a la vida

(Quienes son susurrados) sus vidas han cambiado para siempre, aunque probablemente ellos no lo sepan

Del otro lado está la oreja, ojo que cree en lo que no ve

Volver a la voz humana como vehículo

La piel de la oreja renace, siente, percibe, despierta...

Una de las definiciones del diccionario para susurrar: 3.Intr. Dicho del aire, de un arroyo, etc.: Producir un ruido suave y remiso. U. t. c. t. (Diccionario de la Real Academia Española)

Portando nuestros susurradores nos atrevemos a ser otros, como si lleváramos máscaras, un permiso de juglares, un aura de profetas.

Cualquier rincón de la ciudad donde puedan caber dos personas y un tubo es suficiente para que la trampa funcione.

Un susurrador es una caja infinita.

                                      Antonio de Tusitalas susurrando en las aulas de la UNVM
Susurros en Rosario



SUSURROS DEL FUTURO

Hace poco fuimos a susurrar a la Universidad Nacional de Villa María, un poco en las aulas y otro poco en los pasillos y espacios de uso común. Fuimos con Tusitalas Elenco de Cuentacuentos del Instituto de Extensión de la Universidad, elenco que me tiene como fundador/director, porque para que el trabajo continúe necesitamos que se sumen personas de la comunidad universitaria. No sé si lo lograremos, pero el susurrador habrá hecho su parte. Días después una alumna de Letras nos escribió que se quería sumar al grupo porque, dijo,  los susurros "me trascendieron".

Estamos en abril y planeo susurrar en más espacios: comunes o inesperados. Porque me gusta hacerlo y porque veo que a la gente que escucha le pasan cosas, cosas ínfimas e infintas, fugaces y hondas, se les nota en la cara. Mi idea es ir actualizando este texto a medida que vaya acumulando susurros y anécdotas. Por ahora tengo hasta acá. 

A quienes quieran saber más sobre el tema les recomiendo el libro "De susurros y susurradores" de Mirta Colángelo, Editorial Comunicarte, Colección Educación Popular. Este bello libro contiene también una antología de poemas breves que podés tener a mano para animarte a susurrar.

A quienes ya quieran salir a susurrar, les sugiero espacios posibles:

-las filas (de bancos, de municipalidades-incluso dentro de las municipalidades- , de Anses, etcétera)

-los cumpleaños

-los entretiempos, los ingresos o las salidas de eventos cullturales de todo tipo (tengan o no que ver con la literatura)

-las orejas de los transeúntes (acercarse con sutileza y preguntar si quieren- si no quieren no hay problema, siempre habrá otras orejas que sí)

-las obras en construcción

-las escuelas

-los cuarteles de los bomberos

-los locales comerciales

-los templos de diversas religiones

-los bares

-las "unidades básicas"/lugares edilicios de los distintos partidos políticos

-las plazas, los parques, los polideportivos, los gimnasios

-otros espacios que se te ocurran



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