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 TALLER DE CUENTOS Y JUEGOS EN CIEF ESCUELA DE VERANO

(Foto: La medialuna que parece una gran oreja)

Pasé dos semanas narrando y jugando en pantalones cortos junto a la pileta del CIEF Escuela de Verano. Me convocaron para dar talleres a casi 400 niños, reunidos por edades que iban de los 3 a los 12 años. Me tocaron 3 grupos por día, y preparé diversos cuentos en boca, cuentos canción, cuentos de libro en mano, susurradores, juegos de improcuentos, dinámicas grupales y otras cosas del estilo.





Los más pequeños me pidieron que repitiera dos cuentos, apenas los hube acabado. Por supuesto, se los volví a contar jugando a que era como la primera vez. Es que me lo pedían con tanto entusiasmo ¿Ustedes qué hubieran hecho? Yo no tengo hijos pero cuando los niños me piden que les repita un cuento me parece que, además de ser un cuentero, me agarra una sensación como de paternidad. De pronto noto que ya no tengo 20 años y que esos niños que están conmigo, por ese ratito, creen que el mundo es un lugar seguro, que le pueden pedir algo a un adulto y que ese adulto quiere jugar con ellos y les va a decir que sí. Esos niños, por un ratito, ven que el mundo tiene un orden, una forma, que el cuento que fue es el cuento que será y que ellos lo saben y a la vez lo esperan para asombrarse, asustarse o reírse en el momento en que haya que hacer eso. Creo que los niños y yo, por lo que dura ese cuento repetido, armamos una felicidad posible, y que esa felicidad nos da algún equipaje para enfrentar la vida que se viene, aunque no siempre se repitan los lindos momentos, aunque no siempre haya adultos con ganas de jugar con nosotros. 

Dice Gianni Rodari en su "Gramática de la fantasía", en el capítulo "A equivocar historias", que:

Los niños, en lo que concierne a las historias, son por lo general bastante conservadores. Las quieren escuchar siempre con las mismas palabras de la primera vez, por el placer de reconocerlas, de aprenderlas del principio al final en correcto orden, de reencontrar las emociones de la primera ocasión, siempre en igual lugar: sorpresa, miedo, gratificación. Tienen necesidad de orden y de reafirmación:el mundo no debe alejarse demasiado bruscamente de las pautas en las que, con tanto trabajo, lo van encarrilando (...). A la aparición del lobo están preparados: la aparición de lo nuevo los inquieta, porque no saben si será amigo o enemigo.

Los cuentos que los más pequeños quisieron volver a oír son "Cabeza de monstruo" (María Laura Dedé) y "¡Que viene el lobo!" ( texto de Cedric Ramadier, ilustraciones de Vincent Bourgeau ). Acá les dejo las fotos.





Contando "Cabeza de monstruo"




Quiero contar 2 cosas que pasaron con los más medianos. Una es que también me pidieron que repitiera un cuento, pero no en el momento en que acababa de contarlo sino a la semana siguiente, cuando volví a verlos. El cuento que me pidieron se llama "Un cuento de amor y amistad" (Luis Pescetti, en "Nadie te creería") pero ellos me decían "¡Contá el cuento de la caca, el de la caca!". 
Les dejo un link donde pueden ver al mismísimo autor narrándolo en pleno espectáculo y, abajito del video, el texto del cuento tal como sale en el libro (y de paso se enteran por qué lo de la caca).

La otra cosa que quería contar sobre los más medianos es que un grupo, la segunda y útlima vez que los vi, que era viernes, ya estaba en el salón con su profe esperándome. No llegué a decir ni hola y ya me contaron que uno de los niños estaba enamorado y que me iba a contar la historia. Lo invité al escenario (suelo armar una medialuna con el público y la parte en que yo narro oficia de escenario) y el niño dijo que era verdad: se había enamorado el miércoles, en una actividad especial que hicieron ese día. Le pregunté por qué se enamoró de esa niña y no de otra. Porque la vi bailar-me dijo- , y bailaba más lindo que todas. El niño se debatía entre decirle y no decirle. Contó que le preguntó a una amiga de ella y la pequeña le dijo: "a ella le gusta que le digan las cosas en la cara". Por consenso general, lo animaron a que le diga que está enamorado. Yo apenas me animé a decirle que se acerque a charlar de cualquier cosa, que vea si ella quiere hablar con él. 
Además, de inmediato cambié mi repertorio por cuentos y versos de amor. Les conté de la primera vez que me enamoré: fue en jardín de 4 y duró hasta sexto grado pero nunca le dije a la muchacha. Tampoco 13 años después, cuando la crucé de casualidad ¡en la vereda del jardín!
Cuando me iba de la escuela de verano, después de mi último día, ya del otro lado del alambrado, los niños del grupo de los medianos asomaban las cabezas y me gritaban: "¡Profe, profe, nuestro amigo necesita un consejo!".
El día después de ver a ese grupo, buscando coplas para otro trabajo, di con estos versos:

Esa niña que baila
es novia mía,
yo no digo que ahora
pero algún día.

Y me pregunto, ahora mismo, si será tarde para llevarle la copla al enamorado. 


Un juego canción muy divertido



Contando con libro en mano (en este caso, "¡No!", de Marta Altés)





Aunque parezca una escena del flautista de Hamelin, es mi versión juego del cuento "Así, así y asá"(Laura Devetach)








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