EL CUENTO DEL PSICOANÁLISIS
Me pidieron que devolviera un libro que no había leído: "El amor es vacío", del psicoanalista Luis Darío Salamone. Hay muchos libros que no leí, pero este, si lo devolvía, se iba para siempre hacia otra provincia, entonces me lo llevé a un viaje que tenía por esos días y, en los ratos libres, lo devoré, con prisa y con placer.
Me llamó la atención que, según yo, entendí casi todo el libro, aunque está hecho de conferencias vinculadas al mundo y los espacios del psicoanálisis con mucho enfoque lacaniano. Pero hay algo en la escritura de Salamone que hace entendible el asunto. No es lo habitual cuando un psicoanalista lacaniano escribe, ni siquiera cuando habla, que el psicoanalista mismo entienda lo que dice, perdón, quiero decir que el psicoanalista haga entender lo que dice. La impresión es que hacen un esfuerzo por emitir frases de oscuro sentido como cuidando los secretos de su profesión, o como dejando claro que no manejan tan bien esos secretos, al menos no en el ámbito de la conversación y la escritura. El libro del que hablo rompe ese hábito hacia el hermetismo (que algunos pretenciosos tildan de elitista) y se abre hacia el mundo, tiene en cuenta al lector, hace un esfuerzo por generar una conversación en vez cerrarla. Salamone no tiene miedo de que veamos lo que piensa.
El libro habla de amor, de locura y de muerte (quizá él diga que no, pero queda bien, mejor todavía si él lo niega). Algunos capítulos: Hablar de amor, La apuesta del matrimonio, El coleccionista de mujeres, Los solterones, Infidelidades, Envidia y celos, De un estrago al otro, Los amores difíciles, El fin de un amor. Cada texto se mueve entre conceptos del psicoanálisis, casos que él mismo trató y literatura. Sí, literatura. Cada conferencia tiene buenos epígrafes, se abre con una breve cita, por lo general literaria o de la letra de una canción. Por ejemplo el capítulo Infidelidades abre con Pablo Neruda: "Pasaremos el muro,/ en las tinieblas del jardín ajeno,/ dos sombras en la sombra". O el capítulo "Hablar de amor" que principia con Gelman: "No es para quedarnos en casa que hacemos una casa/ no es para quedarnos en el amor que amamos/ y no morimos para morir/ tenemos sed y paciencias de animal". Además para explicar algunos conceptos menciona novelas, obras de teatro, mitos, incluso narra argumentos enteros de textos literarios, como quien cuenta un cuento. Y está bien pensar en un cuentero, porque de hecho estos textos pertenecen a conferencias y charlas que el autor impartió en diferentes lugares. Quiero decir que la oralidad era el destino primero de estos escritos: un hombre que llegaba a un sitio con su cuerpo, su voz, sus gestos, y le hablaba al público. Como quien cuenta un cuento. De hecho, como decía, por momentos literalmente contó cuentos. Si hubiera videos de esas conferencias podríamos recortar los fragmentos en que Salamone solamente narra historias o cita letras de poemas o canciones. Es decir que los conceptos psicoanalíticos del autor empiezan con una frase literaria o filosófica y se aclaran con cuentos. Digo se aclaran porque tienen algo de luminosos esos momentos cuenteros, tanto en lo conceptual como en lo estético.
Así, a mano alzada, compartiré algunos conceptos y otros tantos textos literarios que aparecen, según ahora recuerdo, en el libro- antes de devolverlo (mañana ya no estará conmigo, quedará vacío su lugar en el estante). Al parecer algunos solterones/as dicen que no se casan porque no quieren y resulta que es porque no pueden (Salamone advierte que Lacan explica:"el soltero se sustenta en su falo imaginario, la soltera se sustenta en su feroz y tiránico superyo"). Aunque aclara que en nuestros días la soltería en la mujer no tiene por qué acotarse a la ética de la solterona, sino que puede tener que ver con "una respuesta a la no-relación sexual, una forma en la que se presenta lo que llamamos horror a la castración, y no un representante de la ética del soltero". Algunos hombres, al parecer, prefieren casarse con la muerte antes que con una mujer, antes que apostar a una relación con una mujer en particular, y así permanecen solterones, incluso hacen alarde de eso. También recuerda Salamone que sería mejor que un psicoanalista no sea un solterón. Esto no quiere decir que tenga que estar casado con otra persona en el sentido tradicional del término, sino, sobre todo, que no sea un solterón por haberse casado con la "verdad". Eso entendí del libro, usted verá qué hace con eso, y si tiene un analista que se parece más a un sacerdote oculto tras neologismos franceses que a un psicoanalista.
El texto "Un amor vacío" habla del amor cortés y se refiere a la producción literaria sobre el tema en la edad media. Parece que los trovadores de la época disfrutaban más de esperar a la dama que de obtener claramente algo con ella. El placer estaba en la espera del deseo, no en su satisfacción. Era un modo, también, de seguir idealizando a la dama y al amor. Si ella los eligiese ellos estarían completos, pero sus vidas no son plenas porque les falta el amor de la dama. Sin embargo, si consiguieran ese amor, notarían que no se resuelve el asunto. Por eso elegían damas imposibles (la esposa de su señor, por ejemplo), y se quedaban contentos, sufriendo, con su idea del amor y de la mujer. Pero estoy explicando demasiado, y mal, así que mejor cito el fragmento en que Salamone nos cuenta una historia:
"El trovador podía enamorarse de una dama aun sin siquiera haberla conocido. por el mero hecho de oír hablar de ella, como le sucedió a Jaufré Rudel, príncipe de Blaya, señor de Pons y de Bergerac, quien se enamoró sin haberla visto nunca de una condesa de Trípoli (Odierna, esposa de Raimundo); partió para ofrecerle su amor muriendo en los brazos de ella al llegar. Según su biógrafo la condesa lo hizo sepultar en la Casa de los Templarios y el mismo día ella tomó el velo. A la pluma de Rudel debemos la frase: ' Mi dama es una creación de mi espíritu y se desvanece con el alba´".
En "El amor y el deseo según Paul Lorenz" leemos sobre el famoso caso del hombre de las ratas, un verdadero obsesivo en bruto, caso de manual para entender la neurosis obsesiva. Paul es presionado por sus padres a casarse con una mujer de buena posición pero él ama a una prima de clase humilde. Salamone lo cuenta de manera hermosa y con detallados ejemplos, pero la cosa es que pasan los años y el tipo no se casa con una ni con la otra, y siempre encuentra motivos, o se los fabrica de modos muy intrincados, para no elegir una mujer en particular, siempre falta alguna cosa para que todo esté dado para esa decisión. Tampoco puede terminar sus estudios de abogacía. Paul va a un psiquiatra pero no resulta. Después lee el texto de Freud "Psicopatología de la vida cotidiana", siente que tiene que ver con él y en 1907 consulta por primera vez a Freud. Después de unos años de tratamiento, podríamos decir: se cura. Es más, podríamos decir que es la cura más lograda de todos los casos documentados de Freud. Al punto que en 1910 finalmente se casa con su prima y en 1913 se recibe de abogado. Un año después lo enrolan en el ejército imperial, los rusos lo toman prisionero y muere. El paciente mejor curado por Freud apenas pudo disfrutar de su cura. Pero nos dejó un saber sobre la estructura del neurótico obsesivo, y una prueba contundente de que el psicoanálisis, a veces, puede mejorar la calidad de vida de las personas. Puede ayudarnos a dejar de repetir nuestra tortuosa manera de amar, y ayudarnos a inventar algo a partir de esa repetición, una novedad en el amor, un amor más vivible, menos tonto. El libro de Salamone, de hecho, comienza con un epígrafe de Jacques Lacan: "En efecto lo único que hacemos en el discurso analítico es hablar de amor".
Mi corazón se dice, al recordar el libro, que el amor es vacío, y eso es lindo porque el vacío nos invita a la invención: nos pasamos la vida, por fortuna, inventando modos de tapar ese vacío. Que esos modos sean hermosos, y nuestros. Hasta que llegue la muerte y lo tape todo.

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